
¿Se piensa en cómo vivirán después?
Tiene 12 años, acaba de entrar en el instituto y viene con un informe que lo diagnostica como “autista selectivo”. La descripción del entorno familiar justifica: madre deficiente, padre alcohólico. Según los servicios sociales es más que probable que el joven haya presenciado violaciones del padre a otros miembros de la familia, y que él mismo haya sido víctima de esos abusos. No habla, solo se expresa por gestos, sin embargo su capacidad social es grande. Es capaz de trabajar en grupo, también de sonreír. Corre por los pasillos fundido en la masa, pasa por uno más, pero no habla.
Tiene 23 años, terminó su licenciatura y en la actualidad realiza un máster. A los 13 y durante tres años consecutivos, su hermano de 16 se metía en su cama cada noche. Jamás lo ha hablado con él. Ningún miembro de la familia lo sabe, solo el psicólogo al que por decisión propia acude. Es una joven inteligente, dulce y muy creativa, cumple con sus estudios, tiene amigos y amigas que con frecuencia le dicen hay que ver lo tímida que eres. Aparentemente es una persona normal, tiene bien aprendido cómo fingir la normalidad que una familia alto estandin siempre le ha requerido.
¿Cuántos se denuncian?
Se calcula que tan solo entre un 10 y un 20% de los abusos a menores llegan a ser detectados. La falta de conocimiento de uno mismo y del mundo, la dependencia de los adultos, la confianza de la niñez depositada en ellos o la aceptación natural de las jerarquías en las familias, son algunos de los factores que hacen del paraíso de la infancia un gran saco de trampas . La mayoría de la veces los verdugos son los hombres de la familia, familiares directos, menos directos o amigos próximos al entorno. Algún caso hay también de mujeres, pero normalmente éstas miran a otro lado o no ven aceptando el papel tradicional que el propio sistema machista les otorgó: la oscuridad del consentimiento y el silencio. En el núcleo social que es la familia tienen lugar gran cantidad de abusos infantiles invisibles y por tanto inalcanzables para el sistema legal.
¿Se detecta como problema?
Con datos del 2007, en torno a dos mil personas están encarceladas en España por delitos de agresión sexual. No parece una cantidad muy escandalosa teniendo en cuenta los casos que saltan a la prensa con frecuencia. Se dice que las personas que abusan suelen ser plenamente conscientes del daño que provocan y de los beneficios que obtienen con ello; que a veces lo hacen por el afán de experimentar nuevas situaciones y otras como respuesta vengativa en estados de caos, siempre pensando que a la larga van a ser capaces de controlar sus impulsos. En cualquier de los dos casos son conscientes de que no es correcto, pero inventan procesos mentales para justificar su acción:
como iba bebido, porque era muy joven...; no considerándose enfermos y habiendo sido la parte beneficiada –si cabe este término-- nunca acuden a buscar ayuda de los especialistas por voluntad propia.
En el siglo XXI
Los delitos de carácter sexual han empezado a reconocerse en la sociedad en los últimos tiempos. Una sociedad fuertemente masculinizada como ha sido y es aún, ha tendido a ocultarlos con el desprecio hacia el más débil --llámese mujer casi siempre o niño/a-- no dejando duda así sobre quién ostenta el poder. Son delitos que tienen que ver muy directamente con la muestra de la peor hombría, la misma que luego se trasladada a las decisiones, los mandatos y los
porque es así. Aún hoy se oye aquello de
lo que diga mi marido o
lo que diga tu padre en el núcleo social que es la familia. Padres que mandan, jueces que juzgan, médicos y madres que atienden y callan, instituciones que arropan.
En Pakistán, el año pasado se modificó el código penal para que las mujeres pudiesen denunciar violación sin necesidad de que cuatro hombres hubiesen sido testigos presenciales y lo acreditaran legalmente. Un juez deja en libertad al violador, excomisario argentino, de una niña de 10 años que además quedó embarazada. La sentencia dice que no se pudo probar “penetración”. Una joven recibe en Arabia Saudí 200 latigazos y seis meses de cárcel por haber sido violada. El marido en declaraciones asegura que es la ley y que más que él no la quiere nadie. Un violador sentenciado a cárcel, no se sabe por qué error está en la calle y acaba matando a la niña Mari Luz en Huelva. Un austríaco ha tenido a su hija desde el año 84 encerrada en un búnker haciéndola él mismo madre de siete hijos.
Legislación, justicia, honor, profesionalidad, locura, y esa maldita costumbre de que todo esté entre las piernas.